
El Panchatantra pasó en el siglo VII a Persia, y en el siglo VIII ya se encuentra la primera traducción para el mundo islámico, de donde llegará a Occidente. A su paso por los diferentes países islámicos varió la estructura de la obra así como también el nombre.
Alfonso X el Sabio tradujo el Panchatantra como Libro de Calila e Dimna, que son los dos personajes principales de la obra, dos lobos que cuentan una serie de normas de comportamiento en la Corte del Rey de los Animales, el León, con numerosos cuentos a modo de exempla que sirven para el aprendizaje de príncipes y nobles.
El marco narrativo del Libro de Calila e Dimna es muy parecido al del “Ars praedicandi”, pues se encuentra el diálogo entre un sabio y un hombre, estructura que se difumina según uno se adentra en el libro a una sola frase o a una referencia textual. La estructura de la obra es la típica de las “cajas chinas”, tan característica de la literatura oriental:
En el prólogo introduce al lector en la intención de la obra, aparece la figura de un Hombre (que continuará a la largo de todo el libro); se trata de un filósofo que busca la fuente del saber, y en busca de ésta viaja a lo largo de todo el mundo conocido tras la planta de la sabiduría; sin embargo ésta no existía, según le indicaban los diferentes sabios que iba encontrando en los diferentes reinos y que antes que él ya la habían buscado sin éxito. Esta es la esencia del libro, la sabiduría se encuentra en los cuerpos, y como siempre está oculta, las historias y las fábulas del libro no son sólo para el deleite de los sentidos, sino para encontrar en el interior del hombre la verdadera sabiduría.
A partir del capítulo III, el filósofo comienza a contar los cuentos. Aqui aparece un nuevo marco narrativo a la manera de las “cajas chinas” al que estarán unidos el resto de cuentos. Así, hasta el capítulo III se encuentra el marco narrativo de la conversación del sabio con el hombre, pasando después a una estructura más compleja, en la que el filósofo cuenta la historia de la corte del rey León, y a partir de entonces son los lobos Calila e Dimna quienes introducen el resto de cuentos, donde incluso se encuentran otros narradores que cuentan nuevas historias.
La mayoría de estos cuentos tienen como función demostrar algo, pues el saber tiene una finalidad práctica, pues en la corte feudal son muy importantes las relaciones que se establecen entre los nobles con la diferente escala social.
Aquí os dejo un cuento del Panchatantra. ¿ Podría asociarse a alguna adaptación posterior?
Anónimo hindú (Panchatantra, Siglo II ac)
Érase una vez un pequeño y astuto chacal que muy hambriento rondaba por la orilla del gran río en busca de algún pececillo o cangrejito con que alimentarse.
Pero en el fondo del río vivía un enorme cocodrilo, que también estaba hambriento y que, escondido entre el barro y las cañas, espiaba al chacal en espera de que en cualquier momento diese un paso en falso y cayera al agua para comérselo.
En varias ocasiones a punto estuvo el chacal de meterse precisamente en la boca del cocodrilo, pero valiéndose de su astucia logró salvarse del mortal peligro.
Entonces, temeroso de ser engullido por el feroz cocodrilo, el chacal decidió irse a pescar a otro lugar del río, donde no estuviera bajo la constante amenaza del saurio. Pero éste, muerto de hambre y loco de rabia al ver que se le escapaba tan rico bocado, determinó salir del río e ir en busca de la guarida del chacal para vengarse de él. Y ésa fue su perdición, porque enterado el astuto chacal de que el cocodrilo aguardaba en el interior de su madriguera para comérselo, encendió una enorme hoguera a la entrada hasta que el enemigo, impotente para franquear la barrera de llamas, quedó reducido a un montón de cenizas.
El elemento propio da fuerza y confianza; salirse de él es un riesgo imprudente.
